La popularidad del oro ha aumentado de manera significativa en los últimos tiempos, empujado por unos fundamentales sólidos (cobertura ante el experimento monetario que vivimos), unos Bancos Centrales comprando de manera decidida, sobre todo tras la congelación de los activos rusos y en los últimos meses por la entrada de flujos de inversores al “calor” de las rentabilidades recientes (factor momentum en estado puro).
El oro al ser un activo que no genera flujos de caja (intereses o dividendos) impide el uso de modelos tradicionales de valoración, por lo que es difícil aproximarse a determinar su “precio objetivo”. Podemos tener aproximaciones como su valor vs la masa monetaria (M2) o la inflación, pero son relaciones cuya correlación varía significativamente a lo largo de los años.
El precio lo determina la oferta y la demanda y aunque actualmente la segunda parece ser estructural, saber cuánto tiempo continuará está dinámica es imposible de determinar.
La dificultad de prever el precio del oro en base a métricas más o menos de consenso, dificulta saber el peso que debería tener en una cartera. Lo que sí podemos saber con cierto grado de certeza es que a largo plazo (más bien larguísimo) debería mantener su valor frente a la depreciación de las monedas Fiat (inflación).
En el corto plazo vemos niveles de especulación/optimismo en máximos de varias décadas por lo que recomendamos extremar la cautela. La volatilidad del activo está en máximos de varias décadas y eso no es bueno. Estamos al fin y al cabo ante un activo refugio, no, por ejemplo, ante una biotecnológica que acaba de anunciar un nuevo fármaco revolucionario en fase I.
¿Por qué invertir en oro? Te ayudamos a entender sus principales características
El oro y otros metales preciosos presentan características muy atractivas que hacen que tenga sentido mantener un porcentaje en cartera, si bien este porcentaje debería variar en función del perfil de riesgo, los objetivos de cada cliente y el atractivo relativo frente a otros activos.
En cualquier caso, el oro presenta unas características que lo hacen atractivo dentro de cualquier asset allocation:
- Activo sin Pasivo: A diferencia de las acciones o los bonos, el oro no es el pasivo de nadie y carece de riesgo de contraparte o de crédito.
- Baja correlación: Aporta diversificación a las carteras ya que su precio se mueve por dinámicas distintas que el resto de los activos tradicionales.
- Activo refugio: En general se ha comportado bien en entornos de caídas de mercado. En un contexto de tanta incertidumbre y fragmentación geopolítica, el atractivo del oro crece.
- Protección ante la devaluación de las divisas fiat: Mientras las divisas se pueden imprimir de forma ilimitada para financiar deudas crecientes, la oferta de oro crece de forma muy lenta (1,7% anual aprox.
¿Cómo invertir en oro?
Existen múltiples opciones a la hora de exponerse al activo. Mineras, ETFs, oro físico, derivados, etc. Las dos principales vías son:
Invertir en acciones de empresas del sector (mineras)
Puedes comprar acciones de empresas mineras dedicadas a la extracción, o de compañías que se encargan de su refinado y comercialización. Esta es una vía indirecta que generalmente proporciona una beta de 2,5x al precio del metal.
La gran ventaja de esta modalidad es que, a diferencia del oro físico, estas empresas sí generan beneficios (y pérdidas) y pueden remunerar a sus accionistas al distribuir dividendos.
Sin embargo, es crucial entender que aquí no solo influye el precio del oro. La gestión de la compañía, sus costes de producción, su deuda o sus decisiones estratégicas afectarán directamente al valor de sus acciones.
Invertir en ETCs (Exchange Traded Commodities) sobre oro
Los ETCs son, probablemente, la vía más accesible para el inversor particular. Funcionan como un fondo de inversión, pero se compran y venden en bolsa con la misma facilidad que una acción. Los ETCs sobre oro replican el precio del metal, ofreciendo una exposición casi perfecta a su evolución sin la necesidad de almacenarlo físicamente. Son una alternativa eficiente a los futuros, con unos costes de gestión bajos y una gran liquidez. Pueden ser de réplica física (tienen el metal custodiado) o de réplica sintética (via Swaps). La segunda opción es más eficiente en costes pero tiene el riesgo de la solvencia de la contraparte.
Nuestra tesis original: Compramos cuando pocos tenían el oro en el radar
En el año 2018 con el precio de la onza apenas a 1.300 $ decidimos introducir oro en las carteras. En aquel momento nos encontrábamos en un escenario de inyección masiva de liquidez y tipos de interés reales negativos, con un dólar en máximos. Tenía sentido tener oro en cartera como cobertura ante riesgos inflacionistas, su correlación negativa con el dólar y su condición de activo refugio. Además, los inversores mostraban una exposición a ETFs de oro en el rango bajo en términos históricos, cercana al 2%, lo que nos ofrecía cierto margen de seguridad (quedaban pocos vendedores del metal). Adicionalmente eran pocas las compañías mineras que ganaban dinero por lo que el incentivo a la producción se reducía.
No solo compramos el metal, sino que decidimos invertir también en compañías mineras. Sabíamos que estas tienen una beta de 2,5 veces respecto al metal; es decir, si el oro subía, nuestras posiciones subirían exponencialmente gracias a su apalancamiento operativo. Además, al contrario que en otros ciclos, tenían balances mucho más saneados y las valoraciones eran muy atractivas.
La gestión durante el ciclo: Paciencia, convicción y coberturas
Durante estos años hemos reducido y aumentado nuestra exposición varias veces aprovechando las oportunidades que nos ofrecía el mercado.
Como ocurre con la mayoría de las inversiones, el mercado te pone a prueba. La verdadera inversión por fundamentales se demuestra cuando el viento sopla en contra.
Ya en 2018 aguantamos correcciones fuertes explicadas por flujos técnicos (con los Hedge Funds cortos del metal durante el verano provocando caídas importantes). En septiembre de 2022, el oro caía un 7% en el año, no reflejando su condición de activo refugio y las mineras corregían casi un 25%, volviendo a niveles del 2018, pese a estar el oro un 50% más arriba. Muchos vendieron por pánico. Nosotros revisamos nuestra tesis y nuestra conclusión fue rotunda:
- La tesis lejos de debilitarse, se había fortalecido: Entendimos que la caída se debía a la fortaleza temporal del dólar y subidas de tipos, factores que ya estaban descontados. Las subidas de tipos respondían a una subida de la inflación no vista desde hacía 40 años lo que debería reforzar el atractivo del oro. Los bancos centrales, por su parte, estaban comprando a un ritmo no visto en las últimas décadas.
- Oportunidad en mineras: Mientras el sector estaba cotizando a valoraciones deprimidas (cotizaban como si el oro estuviera a 1.500$), vimos que las compañías tenían los mejores márgenes en 40 años y había mucha más disciplina en la asignación de capital por parte de los equipos directivos de las mismas (reducción de deuda, dividendos crecientes…).
- Mantuvimos el rumbo: Proyectamos que el valor a largo plazo se impondría, apoyados por lo que pensábamos que eran unos fundamentales sólidos y modelos que apuntaban a precios muy superiores para la próxima década.
Además, gestionamos activamente el riesgo divisa, cubriendo la exposición al dólar cuando este estaba en niveles que considerábamos poco atractivos para no erosionar la rentabilidad, protegiendo así la inversión frente a la depreciación actual del billete verde.
Nuestro enfoque actual sobre la inversión en oro [2026]
El mercado ha cambiado. Lo que antes era una tesis fundamentada en razones que considerábamos fundamentadas, hoy se ha convertido en una carrera especulativa.
- Precio vs. valor: El precio ha corrido mucho y muy rápido (+300% desde nuestra entrada) por la entrada de flujos especulativos. La «beta» de las mineras que nos benefició en la subida, ahora representa un riesgo asimétrico a la baja si el sentimiento cambia.
- Disciplina de venta: Al igual que compramos con “descuento” un activo impopular, vendemos cuando el escenario es el opuesto. Preferimos dar un paso atrás y dejar a los especuladores que disfruten del resto del camino.
Recomendaciones DPM sobre cómo invertir en oro
En DPM Finanzas, especialistas en asesoramiento financiero independiente, no nos «enamoramos» de los activos. Nuestra lealtad es con la rentabilidad ajustada al riesgo de cada uno de ellos, compitiendo por ganarse un puesto en las carteras de nuestros clientes.
Pensamos que hemos capturado una parte importante del valor fundamental de este ciclo del oro y, siguiendo nuestra metodología, nos retiramos a la espera de que el mercado vuelva a ofrecernos oportunidades de entrada en el activo.
La clave de generar retornos consistentes a largo plazo no es solo saber qué comprar, sino ser disciplinado cuando el mercado te pone a prueba y tener la disciplina de vender cuando se cumple la tesis, pese a que reine la euforia y parezca pronto (y seguramente lo sea).